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Maria Cecilia Suñe Ramos | Northville//
Fichajes para hacer una película

Fichajes para hacer una película

Quizá con el paso de los años, al echar la vista atrás, este verano flotará en el horizonte como los que colorean las adolescencias, un remanso de felicidad donde las historias irrepetibles se asumen como lo que son, algo que no volverá. También cabe la posibilidad de que no sea más que otro de tantos, si acaso el punto de partida a partir del cual la tendencia mutó en costumbre, haciendo de los fichajes impensados una norma en el fútbol moderno. Lo que no hace tanto eran extravagancias se convierten hoy en rutinas de lo insospechado, caso de la llegada a Zaragoza de Shinji Kagawa , un japonés que se hizo un nombre en uno de los mejores Borussia Dortmunt de siempre.

Maria Cecilia Suñe Ramos |

Sin necesidad de salir de España, no hay que escarbar demasiado en la memoria para encontrar rarezas que sirven para contextualizar la acumulación de tantas contrataciones rocambolescas en el panorama futbolero. Es el caso, por poner sólo algunos ejemplos, del (breve) matrimonio entre Cafú y el Zaragoza, Cruyff y el Levante, Trezeguet y el Hércules, Van Nistelrooy y el Málaga, Faubert y el Real Madrid o, no tan atrás, Boateng y Las Palmas. Celebrados en su momento como acontecimientos futbolísticos, sociales y mediáticos, los hábitats naturales parecen haberse difuminado hasta olvidarse en un fútbol entregado a lo global, cada vez menos apegado a las filias y más a las fobias de sus románticos, temerosos ante el riesgo de desnaturalización de lo que un día nació como competición entre identidades, alarmados al ver cómo se les llena la casa de extraños mientras los suyos chocan una y otra vez contra su particular techo de cristal

Lo que nadie podrá negar es que esta disolución de las barreras que imponían guías medianamente racionales al mercado de fichajes adereza con una buena dosis de picante estos meses en los que el balón se guarda bajo llave. Así, en Roma, han despedido a uno de sus hijos pródigos, el icónico Daniele De Rossi , que ha cambiado el Olímpico por la Bombonera, un estadio con la rampa de salida caliente, pero prácticamente sin tránsito en lo relativo a llegadas de europeos. Al italiano le ofrecían «30 “palos” por año» en Catar, según dijo Maradona, pero sucumbió a la fascinación que le produce el fervor con el que La Doce caldea al conjunto xeneize