Política

El triste final del príncipe de Camelot

En los Estados Unidos no existe la realeza, pero la familia Kennedy encarna lo más parecido a ella. Por eso, la muerte temprana de John, el hijo del ex presidente asesinado, y Jackie fue un momento dramático, cuyos ecos siguen alimentando historias sobre la familia, tan famosa por su poder como por sus tragedias.

Por sus venas no corría sangre azul, pero nadie dudaba de que los Kennedy habían nacido para “reinar”. En un país en el que no existía la realeza, ellos representaban todo lo que se considera como gla­muroso –y trágico– para quienes deseen for­mar parte de ese mundo imposi­ble de alcan­zar para los ciudadanos de a pie.

Y esta vez es la historia de uno de ellos, John John, hijo de John Fitzgerald Kennedy, el más joven y famoso pre­sidente de EEUU, y de la reina del glam y la elegan­cia, Jacque­line Bouvier. Mimado y admirado por su estilo, aunque se man­tuvo bastante alejado de la política casi toda su vida; envidiado por su simpatía y codeándose con la crème de la crème del jet set inter­nacional, parecía tener el mundo a sus pies. Hasta que el 16 de julio de 1999, hace 20 años, la avioneta que él mismo piloteaba y en la que iba su esposa Caroline Bese­tte y su cuñada Lauren, con la que iban a un casamiento a Martha’s Vineyard, se pre­cipitó al mar antes de llegar a destino. Una vez más, se habló de la tragedia que per­seguía a esa familia con por­fiada continuidad.

UN NIÑO FELIZ Luego de que se sucedieran en la Casa Blanca familias presidenciales conformadas por personas de cierta edad, la aparición de Jackie y John fue un huracán de juventud y frescura. No solo se cambió la decoración anacrónica y se llenaron de luz los rincones de la enorme casa en Was­hington DC, sino que por primera vez un pequeño niño corría por los enor­mes corredores de la casa y hasta jugaba en el Des­pacho Oval, el símbolo del poder más grande del mundo moderno, como quien juega a las escondidas en cualquier casa de cualquier barrio. Ese era John Jr., más conocido por todos como John John. Él había nacido dos meses antes que sus padres llega­ran a la Casa Blanca y se crió en ese ambiente rodeado de guardias, pero también de fotógrafos que captaban sus juegos y simpáticas escenas familiares que contribuían a crear el mito de la familia perfecta, de una especie de reencarnación pop del reino de Camelot.

EN ALAS DE LA MUERTE La historia de la vida de John John estuvo a la vista del mundo, como dijimos, prácticamente desde su nacimiento. Y así lo testifi­can las miles de fotografías con sus padres y su hermana mayor, la tímida y callada Caroline, única sobrevi­viente actual del grupo fami­liar. Se han publicado miles de historias, sospechas y notas periodísticas sobre la vida de John John, primero lejos de la política, protegido por su madre temerosa de la suerte que podrían correr sus hijos luego del asesinato del padre y luego de su hermano Bob, que aspiraba a ser tam­bién presidente.

En 1995, JFK Jr. mezcló la ambición política de su padre con la pasión de su madre por el mundo editorial y presentó George, una revista política. La foto del pequeño haciendo el saludo militar al paso del ataúd de su padre dio la vuelta al mundo y estremeció por su drama. Esta situación y el rechazo a la posibilidad de convertirse en la “viuda prisionera” de los EEUU y de la familia Ken­nedy la indujeron –dijo años después– a aceptar casarse con el multimillonario Aris­tóteles Onassis, alguien que estaba lejos del estilo refi­nado de Jackie, pero le ofre­cía mucho dinero para pagar sus caprichos y necesidades y mucha seguridad para sus hijos, que ella consideraba podrían correr peligro en su país.

AMORES, VÉRTIGO Y POLÍTICA Aunque el joven John pare­cía estar lejos de la política, el círculo de amigos afirma que estaba siendo fuerte­mente tentado a embarcarse en la aventura de la política. Luego de recibirse de abo­gado, lo que le costó bastante, se embarcó en una aventura editorial. Con un grupo de amigos y socios fundaron la revista George (por G. Was­hington) en 1995, una publi­cación que reflejaba los vien­tos de la política de EEUU y el mundo, con entrevistas y notas fuera de lo común. Sus tapas fueron transgre­soras, como la primera, con la modelo más famosa de entonces, Cindy Crawford, ataviada como Washington. Luego, siguieron otras estre­llas que se prestaron a posar como héroes o personalida­des y mitos. El proyecto no andaba muy bien económica­mente, pero él era optimista y, según dicen, le encantaban los desafíos. Por otra parte, vivió romances de distinta intensi­dad. Salió un tiempo –solo 6 meses– con Sarah Jessica Par­ker, quien dijo haber quedado abrumada por salir con él por­que era una vida expuesta en vidriera. Luego tuvo una rela­ción más larga con la actriz de moda en ese momento, “Splash” Daryl Hanna, que no prosperó –todos sabían en New York– por la férrea oposición de su madre, Jac­kie O. Luego apareció Carolyn Bessette, una bella chica de la alta sociedad, publicista de Calvin Klein, que se casó con él con un hermoso vestido de Narciso Rodríguez en una pequeña capilla.

Y ese amor por la adrenalina es, según lo que el historia­dor Steven Gillon publica en una extensa biografía titu­lada “America’s Reluctant Prince”, una de las razones de su inexplicable muerte en ese accidente aéreo, ya que era la personalidad de Joh John, quien era adicto a tomar riesgos. Eso es lo único que explica el porqué piloteó ese avión tan pequeño y frágil a esa hora poco conveniente y en un ambiente con niebla, volando “a ciegas”, en lugar de ir como todo el mundo en un vuelo privado o de línea al casamiento de su prima. Era demasiado arriesgado volar en esas condiciones.

Según el mencionado his­toriador, “John John había escapado tantas veces de la muerte; la había visto ron­dar su casa y familia en tan­tas ocasiones que tenía la certeza de que a él no le iba a tocar”. Demasiado riesgo le costó muy caro.