Tecnología

Reelección presidencial se desvanece en una carrera contra el tiempo

Banco, Banquero, Caracas, Miami, Estados Unidos, Visa, VISA, BFC
'Dolor y gloria': una mirada personal del director Pedro Almodóvar

Cuando el presidente Danilo Medina  consideró el año pasado que marzo sería la fecha prudente para hablar  de  la reelección presidencial,  ignoraba que sobre República Dominicana se precipitarían acontecimientos adversos que le impedirían fijar una posición, todavía  a mediados de julio.

Ahora el tiempo se agota y cada día que pasa se ensancha más el mar de dificultades, que enfrentaría la aprobación de una reforma constitucional para rehabilitar su participación en las elecciones de mayo de 2020.  O lo que es lo mismo, dentro de 10 meses.

Una barrera letal, que se ha tornado casi insalvable, son los plazos electorales y congresionales que no existieron en la pasada reforma de 2015. A los cuales se agrega la resistencia de los grupos de presión y la otrora ignorada geopolítica, que los dominicanos pretendieron vivir desdeñando.

Empecemos por el principio, para que entendamos mejor qué es lo que está pasando en el país con la reelección presidencial y la impronta del presidente Medina.  Los plazos son fatales y se aplican con mayor rigurosidad a su proyecto político.

La precampaña electoral inició el 7 de este mes. El gobernante Partido de la Liberación Dominicana (PLD), todavía no ha podido registrar ningún precandidato presidencial. El Comité Central, organismo que los asigna de manera oficial se reuniría la primera semana de agosto (en 15 días). Y el presidente Medina no podría inscribirse porque se lo prohíbe la Constitución.

Segundo escenario. El jefe de Estado pudiera esta semana tomar la decisión, que aún no ha tomado, según su diálogo telefónico del pasado miércoles con el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo.  Sus legisladores podrían introducir de inmediato al Congreso el proyecto de reforma a la Constitución, que es el secreto mejor guardado en el país, pese a las múltiples escaramuzas de sometimiento.

Se utilizaría la vía más expedita, que es el Senado, donde los danilistas mantienen el control. La importante pieza legislativa podría ser declarada de urgencia y aprobarse sin someterla a estudio de una comisión especial aunque nadie sepa su contenido, violentando trámites internos debido a la urgencia de los proponentes.

Entonces el proyecto de marras pasaría a la Cámara de Diputados, donde la diversidad y los conatos no le auguran igual suerte. Se intensificarían las denuncias de sobornos millonarios a opositores y las concentraciones de masas y el cerco policíaco-militar frente al edificio del Congreso.

En medio toda esta parafernalia estaría incidiendo el plazo del 26 de este mes (12 días), cuando concluye la legislatura. Pero también el plazo del 16 de agosto (30 días), cuando se inicia la nueva legislatura y la presidencia de la Cámara de Diputados pasaría a ser ocupada por un seguidor del expresidente Leonel Fernández y presidente del PLD.

El escenario final podría presentarse así: Si hipotéticamente el proyecto declarando la necesidad de reformar la Constitución es aprobado por el Congreso a la velocidad meteórica que requiere, entonces entraría en escena la Asamblea Nacional Revisora, que tendría que reunirse en un plazo de 15 días luego de la publicación de la ley, con la presencia de más de la mitad de los miembros de cada una de las dos cámaras.

Las decisiones de la Asamblea Nacional Revisora, según el artículo 271 de la propia Constitución, requerirían un quórum mayoritario de las dos terceras partes de los votos. Los leonelistas y los partidos de oposición advierten que en este caso a los danilistas  tampoco le alcanzan los sufragios. Pero quedamos en que estos son escenarios hipotéticos en caso de que el presidente Medina se decida por aspirar a un tercer mandato. Los otros plazos, los electorales, también  penden como la Espada de Damocles, igual de implacables sobre esta nueva aventura política.

Solo resta expresar que estamos en precampaña desde el día 7 de este, que el 22 de agosto (dentro de 38 días) los partidos, incluyendo el PLD claro está, tendrán que registrar de manera oficial en la Junta Central Electoral, las precandidaturas que participarán en las primarias del 6 de octubre, para elegir los candidatos presidenciales, congresionales y municipales de 2020.

Es obvio entonces, que al presidente Medina  se le acaba el tiempo para jugar con el tiempo, porque ahora es precisamente ese tiempo que conspira desvaneciendo la posibilidad de cambiar el modelo de reelección presidencial que él diseñó hace cuatro años.