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Detalles : Sin protección

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M ADRID, ESPAÑA.- La invasión pacífica de haitianos, y la corrupción, son actualmente los problemas que más preocupan a los dominicanos, quienes tienen la percepción o el convencimiento de que durante las últimas décadas, los gobiernos de turno no han buscado soluciones efectivas que detengan el ingreso constantes de ilegales haitianos a República Dominicana. La realidad de la situación puede observarse en cualquier región dominicana, principalmente, en los pueblos fronterizos. En algunos, la presencia haitiana es superior a la dominicana, sobre todo, en los lugares más lejanos, desprotegidos de autoridades y militares dominicanos, donde el desplazamiento ilegal es muy notorio. Debido a esto, los dominicanos comienzan a sentirse extraños en su propio territorio, y les invade una sensación de inseguridad; saben que pueden estar a merced de vándalos haitianos quienes cotidianamente secuestran para robar, un comportamientos que desde hace tiempo no es un secreto, pero, no son publicitados para no llamar demasiada atención sobre esta realidad; tampoco se les pone freno, dejando en situación de desamparo a dominicanos humildes, pobres, quienes ni siquiera tienen fuerzas para hacer denuncias. Ahora, con el secuestro del reconocido cardiólogo Pedro Ureña, y otros galenos, empresarios amigos que tienen poder de convocatoria, a quienes se les escucha por su relevancia política en la sociedad dominicana, entonces se presta atención al centenar de haitianos con machetes, punzones, cuchillos, quienes robaron y pusieron en peligro a los médicos. De esta forma, se afirman las sospechas del desastre fronterizo donde “se deja hacer”, con la vista gorda, hechos que perjudican a dominicanos. El terror se ha apoderado en algunos lugares que están en manos de los haitianos, fieles usuarios del machete. Si una pequeña turba tiene el poder de secuestrar gente sin que nada suceda, sin ningún tipo de represalias pues los militares de la zona alegan “que no pueden intervenir”, cuando el deber de ellos es proteger a sus compatriotas en peligro no sólo de ser robados, sino también asesinados. Debemos imaginarnos el día que la gran turba decida marchar en estampida por todo el territorio quisqueyano. Ese día, me imagino que en el frente defendiendo el territorio dominicano y su gente, estarán aquellos que han propiciado la situación. También sus hijos, y en algunos casos, sus nietos, pues ellos al final serán los únicos culpables, a quienes la historia juzgará, y las futuras generaciones hablarán de ellos con desprecio.

Alejandro Montenegro Banco Activo